lunes, 16 - Sep - 2019
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ATRAVIESA BANCOS DE ARENA

BANCO-DE-ARENA

Las lluvias que han caído durante el invierno, y las que quedan en primavera, han provocado que los caminos alteren sus formas. Aparecen las roderas, muchas zonas quedan impracticables y aparecen los temidos bancos de arena. Aprende a superarlos y no quedarte atrapado en estas ‘arenas movedizas’.

Puedes leer el artículo completo en el número 7 de Bikes World.

Vamos tranquilamente por un camino, cogemos velocidad en la bajada y repentinamente nos encontramos con uno de estos bancos de arena. Si llevamos el peso muy volcado sobre la rueda delantera lo más seguro es que ésta se hunda de golpe y tengamos que echar el pie a tierra. Si llevamos el peso correctamente colocado, pero no sujetamos bien el manillar, la rueda delantera se nos puede volver loca y hacer que nos descontrolemos completamente.
La técnica más adecuada para pasarlo es, tratando de dar una mayor flotabilidad a la zona delantera de la bicicleta (estirando los brazos y llevando el peso a la rueda trasera), aprovechar la inercia que llevamos para superar el obstáculo. Si el banco no es muy grande y llevamos una velocidad adecuada, no necesitaremos más para pasarlo.
En caso de que nos enfrentemos a un arenal grande es recomendable anticiparnos poniendo un desarrollo de marchas más corto, subir un número importante de piñones, pues en la arena perderemos velocidad muy rápidamente y esto nos ayudará a mantener un pedaleo uniforme y rápido. Además, tenemos que procurar no levantarnos, de hacerlo sería siempre manteniendo el peso sobre la rueda trasera, pues si no la rueda comenzará a derrapar o hundirse y nos quedaremos parados.

SI NOS QUEDAMOS PARADOS
En caso de que no hayamos podido evitar el quedarnos parados o (esperemos que no sea así) nos hayamos caído, hay que saber retomar la marcha. En este caso si tratamos de pedalear con fuerza, irremediablemente, nos hundiremos en la arena, pues nuestro peso en el sillín y los tacos del neumático “excavarán” en el terreno blando. Para evitarlo existen dos posibilidades:
La primera sería, manteniéndonos en la bici, con el peso ligeramente adelantado, nos damos un pequeño impulso con la pierna que está en tierra y un golpe de riñón para avanzar un poco antes de comenzar a pedalear. Lo que buscamos es que la bicicleta haya avanzado al menos un metro antes de dar ninguna pedalada para que cuando nos sentemos en el sillín ya llevemos una inercia creada que nos permita iniciar un pedaleo más redondo.
La segunda opción sería un arranque tipo “Ángel Nieto o carrera de motos de los años 70”, iniciando la marcha fuera de la bicicleta, impulsándonos unos cuantos metros con una pequeña carrera y subirnos cuando ya esté en marcha. Esta última vía es más efectiva pero complicada, pues nos obliga a tener un mayor control y dominio sobre la bicicleta.
Con cualquiera de las alternativas la elección del desarrollo es muy importante. Hay que tener en cuenta que la arena es muy exigente, más cuanto más suelta se encuentra. Por ello los desarrollos cortos (platos pequeños y piñones grandes) son los más apropiados, pues nos permiten dar pedales y mantener cierto movimiento aunque las condiciones sean muy duras. El hecho de poder dar pedaladas genera un movimiento que, además de avanzar, también nos ayuda a mantener el equilibrio.

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