lunes, 24 - Feb - 2020
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CICLOCROSS, LA OTRA BICICLETA ‘OFFROAD’

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El invierno se acerca y es inevitable hablar del ciclocross. A caballo entre el ciclismo de carretera y el Mountain Bike, esta antigua disciplina, evolución del ciclismo en ruta, aún posee muchos interrogantes para el público general, por haberse acotado tradicionalmente a la competición en una época muy marcada del año y a los países centroeuropeos, principalmente. Aquí resolvemos esas preguntas sobre esta disciplina y sus bicicletas. 

Por Álex Quiterio

Puedes leer el reportaje completo en el número 15 de Bikes World

El barro se torna principal protagonista del ciclocross, la disciplina ciclista del otoño y el invierno. Deriva del ciclismo de ruta. Y es que, en algún momento, hace ya más de un siglo, los primeros corredores de carretera intentaron (casi siempre con el entrenamiento en mente) abandonar las vías ‘asfaltadas’ atravesando, como podían, todo tipo de obstáculos.

Todo esto se consiguió adaptando mínimamente sus monturas y dando origen a un nuevo tipo de ciclismo. Aún hoy cuesta distinguir una bicicleta de carretera de una de ciclocross a los usuarios menos familiarizados con este último, aunque sí que presentan diferencias.

UN POCO DE HISTORIA

A principios del siglo XX, en países como Francia y Bélgica (este último referencia de la disciplina), ya había corredores que en invierno se preparaban para carreras como el Tour de Francia con sus bicis de CX. En España, el deporte empezó a tener notoriedad en 1929, fecha en la que se organizó el primer campeonato nacional. En 1950 tuvo lugar el primer Campeonato del Mundo organizado por la UCI.

El ciclocross desde entonces atravesó fronteras y llegó a los Estados Unidos en forma de campeonato nacional en 1963, cuando aún faltaban muchos años para que aparecieran las primeras bicicletas específicas de montaña en los EE.UU, ya en los setenta. Esa tradición ‘crosser’ aún se conserva allí, siendo el país que más corredores aporta en competiciones internacionales fuera de los europeos. Además, en los últimos años, sus circuitos han comenzado a albergar pruebas mundiales como el Campeonato del Mundo de 2013, en Louisville, o la Copa del Mundo en Las Vegas, en 2015.

LA BICICLETA

Para competir, la bicicleta de ciclocross tiene que cumplir una serie de normas, dictadas por la UCI. La imagen es muy similar a la de una bicicleta de ruta, por supuesto sin horquilla de suspensión, pero adaptada para soportar las exigencias de la disciplina. Para evitar que llegasen a frenarse las ruedas, los tubos del cuadro y de la horquilla dejan mayor distancia con las cubiertas o tubulares.

Los neumáticos son más anchos, de hasta 32 mm y tienen un taqueado similar al de las bicicletas de montaña. En las categorías superiores se suele correr con tubulares, ya que permiten menores presiones y un mayor agarre y tracción que las ruedas de cubierta.

El pedalier se coloca una altura sensiblemente mayor que las de las bicicletas de carretera, algo lógico para poder pasar las zonas más técnicas de los trazados o rutas. Esta diferencia no se suele apreciar a simple vista, pero acerca más la posición del ciclista y su centro de gravedad al Mountain Bike que a la carretera.

Hasta hace muy poco tiempo, los frenos usados eran sólo del tipo Cantilever, más adecuados para el paso por barro, pero en las últimas temporadas no es ya raro ver muchas bicicletas con frenos de disco, mecánicos e incluso hidráulicos. En ambos casos, las manetas de frenos y cambios van integrados, como en cualquier bicicleta de carretera, algo muy diferente a las habituales manetas de frenos y cambios ‘separados’ de la Mountain Bike.

La transmisión es muy similar a la de la bici de carretera pero con desarrollos adaptados a la modalidad, normalmente con platos de 42 a 46 dientes el grande (en lugar de los 50 a 53 que se usan en la bici de ruta) y 34 o 36 dientes el plato pequeño (en las competiciones de carretera suele ser de 39). También hay muchos corredores que prefieren simplificar el sistema e incorporan un único plato de 40-46 dientes, aligerando el conjunto y minimizando posibles salidas de cadena, entre otros problemas.

Como hay que subir y bajar de la bici constantemente y correr a pie en algunos momentos, los pedales son siempre automáticos de doble cara, y el calzado es el habitual en Mountain Bike. Además, otro de los puntos que definen las carreras de ciclocross habitualmente es que, debido a su corta duración, no hay avituallamiento sólido o líquido, por lo que las bicis no suelen incorporar portabidones.

LAS CARRERAS

Las competiciones habituales de ciclocross se desarrollan en un circuito corto, con un trazado que ronda los 3 km, algo que hace mucho más fácil seguir la carrera ‘in situ’ desde diferentes partes. De hecho, las carreras más importantes (Superprestige, Copa del Mundo) suponen una sustanciosa fuente de ingresos para el organizador en lo que respecta a la venta de entradas.

La duración de la carrera se limita a una hora (en Élite), sin vueltas predeterminadas. El tiempo empleado en la primera vuelta servirá para establecer el resto a completar. Por ejemplo: si el corredor de cabeza hace el primer paso por meta en 8 minutos, se dividirá los 60 minutos del total entre 8, dando como resultado 7, que deberá restarse a la vuelta ya efectuada. Serán entonces 6 las vueltas que queden por disputar.

Debido a su corta duración, habitualmente se disputan con una intensidad extrema, en la que los corredores parten esprintando para coger la mejor posición y mantienen sus pulsaciones muy cerca del 100% en casi toda la carrera. Desde el punto de vista del esfuerzo fisiológico sería similar al de una contrarreloj en ruta, pero con constantes cambios de ritmo y un circuito mucho más técnico. La velocidad, más moderada que en carretera, hace menos importante el ir a rueda. Además, la imagen típica del CX es el ciclista portando la bici al hombro, debido a la necesidad de sortear con rapidez la ingente acumulación de barro que se da en muchos de los trazados. A diferencia de lo que ocurre en la carretera, las carreras son menos tácticas y mucho más individuales, un poco en la línea de lo que ofrece el MTB Cross Country.

EL CIRCUITO

Lo más usual es que los trazados aúnen gran variedad de terrenos: secos, húmedos, embarrados, algún tramo de asfalto, de pista amplia, césped, areneros y obstáculos artificiales como tablones o escaleras (siempre en subida).

Todo el circuito está perfectamente delimitado por cintas y lo normal es no dejar que los corredores desarrollen grandes velocidades, añadiendo multitud de giros que obligan a frenar y acelerar constantemente. Las bajadas no son tan rápidas como las que se hacen con una Mountain Bike, ya que una MTB es más robusta, cuenta con neumáticos más anchos y una posición pensada para controlar los descensos en zonas técnicas, como trialeras, que no se ven en el ciclocross.

En los circuitos hay dos zonas de ‘boxes’ en los que se permite el cambio de bicicleta o ruedas, necesario por la acumulación de barro en los frenos, que las hace prácticamente inservibles y necesitan limpiarse con agua a presión. Es espectacular ver en este punto a los crossers ‘descabalgar’, tomar la nueva bici de manos de un asistente y empezar de nuevo a pedalear sin perder más allá de algún segundo respecto al resto de rivales.

RECURSO_CICLOCROSS

Los tramos de arena es terreno para atacar y extraer diferencias.

 

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