miércoles, 18 - Sep - 2019
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MUY ÚTIL: PREPARA EL CAMINO DE SANTIAGO

Camino de Santiago.

El Camino de Santiago es uno de los muchos retos que se proponen cantidad de bikers como alternativa para sus vacaciones. Un largo trayecto en el que hay que pedalear durante horas, día tras día, para lo que se requiere entrenamiento y mucha previsión. Nosotros te aconsejamos cómo preparar un viaje que, ya sea con el aliciente religioso, turístico o deportivo, supone una experiencia para descubrirse a uno mismo.

Una vez has decidido que vas a hacer El Camino, debes realizar un gran ejercicio de previsión. En primer lugar, intenta efectuar este reto entre los meses de mayo y septiembre, para evitar el frío y las lluvias. Aunque sé coherente y evita realizarlo en las semanas más calurosas de julio y agosto.

También has de tener en cuenta la ruta. El Camino Francés desde Roncesvalles y la Vía de la Plata desde Sevilla son los más comunes, pero hay gran cantidad de alternativas que se comunican con estos caminos desde muchos puntos de la geografía española. Una vez elijas tu ruta, has de tener en cuenta los pueblos y albergues por los que vas a pasar, e informarte al máximo sobre ellos, para planificar las etapas y por tanto los días que vas a necesitar. Ten en cuenta que siempre pueden surgir imprevistos, por lo que es mejor ir sobrado de tiempo.

Los albergues inicialmente eran gratuitos, pidiendo sólo la voluntad o colaborar con determinadas tareas. Actualmente casi todos tienen unas tarifas marcadas, normalmente precios populares y en ellos tienen preferencia los peregrinos a pie, por lo que es conveniente poseer un saco de dormir y esterilla. Acuérdate de llevar la Credencial y de sellarla varias veces al día, fundamental para poder alojarte en ellos. Existe, eso sí, una red de albergues amigos del peregrino ciclista que puedes consultar por internet.

Por último, aconsejamos realizar el viaje en grupo, nunca sólo. Podrás tener más libertad dejando la bicicleta con tus amigos en cualquier momento, así como mayor seguridad en caso de algún imprevisto técnico o de salud.

PREPARACIÓN FÍSICA

Recorrer el Camino de Santiago en bicicleta puede ser todo lo exigente que uno desee. Puedes recorrer 800 kilómetros en apenas diez días, con rutas de hasta 90 o 100 kilómetros, o hacerlo en un mes con rutas de 20 kilómetros. También depende mucho de la variante del Camino que escojamos o la zona en la que nos encontremos, pues no es lo igual la zona de Castilla y León del Camino Francés, que los macizos del interior de Asturias, del Camino primitivo.

Nuestra recomendación es, traducido a horas, no recorrer más de seis horas al día. En función de vuestra preparación, estaréis leyendo estas líneas pensando “¡qué poco!” o “¡es demasiado!”. Hay que tener en cuenta que al día siguiente hay que volver a montar, por lo que, aunque al principio puede ser fácil, el cansancio se acumula y hay que administrar fuerzas para poder aguantar el ritmo durante más de una semana. También es importante que los que no estén acostumbrados a montar todos los días pueden sufrir dolores en pies, piernas o pelvis. Llevar un culote de buena calidad es fundamental, así como una crema u optar por una funda de gel para el sillín si vamos a prever este tipo de problemas.

El Camino es una experiencia que hay que vivir al completo, no es una competición, por lo que hay que reservar tiempo para hacer turismo, conocer las zonas por las que se pasa y disfrutar tanto de los kilómetros como de la esencia del viaje.

LA BICICLETA

Antes de emprender la aventura es aconsejable practicar en las mismas condiciones en las que vamos a recorrer el Camino. Nos centramos en el peregrinaje más auténtico, con alforjas, por lo que aconsejamos salir a rodar antes con el peso extra que llevarás en la bici.

Tendrás que acostumbrarte a reaccionar diferente, a frenar antes en las bajadas, a tener más cuidado en las curvas, a apretar más en las subidas, y a maniobrar con más pericia en los momentos complicados, ya que el peso de la bicicleta podría multiplicarse por dos (aunque lo normal y recomendable es no llegar a esa cantidad).

En caso de que viajemos con una doble hay que tener en cuenta que el peso extra no va a ir situado en la misma zona que si el biker pesase 15 kilos más, sino que va colocado en otros puntos generando otras inercias y afectando de otra forma al funcionamiento de la suspensión. Habitualmente, son más cómodas para este tipo de viajes (también por los anclajes de las alforjas) las MTB rígidas, pero si usamos una doble, preocupémonos de regular la suspensión a la nueva situación.

La bicicleta sufre mucho en este tipo de experiencias, por lo que es recomendable hacer bien la puesta a punto. La transmisión, pastillas de freno, fundas, etc. es mejor que prácticamente nuevas o al menos recién revisadas y con garantías.

EQUIPAMIENTO

La regla de oro de estos viajes es llevar el menor equipaje posible. Además, debe ir repartido en las alforjas, pues pedalear con una mochila muy cargada durante tantos kilómetros todos los días es decir adiós a los hombros y espalda. En los días de lluvia se recomienda llevar la ropa dentro de bolsas de plástico en las alforjas, porque si es intensa puede llegar a calar por dentro. Los accesorios para reparar y la documentación pueden ir repartidos en bolsas de sillín, antiguos ‘triángulos’ o bolsas de manillar, que siempre están más a mano. También es recomendable utilizar guardabarros delantero, así como equipar faro delantero y trasero.

A la hora de planificar el equipamiento que llevaremos hay que quedarse únicamente con lo estrictamente crucial. En todos los pueblos hay tiendas, entre ellas de bicicletas, por lo que no es necesario llevar absolutamente todos los repuestos que pueden comprarse si son necesarios. Eso sí, hay elementos fundamentales que no deben faltar, como parches, bomba de aire, tronchacadenas, llaves Allen, mudas, botiquín, agua, o dinero en metálico. Llevar algún radio de repuesto (y saber ponerlo llegado el caso) es muy importante, pues la rueda trasera sufre más de lo habitual con el peso extra.

Unos botines de neopreno también son buenos aliados. La zona norte de la península es rica en precipitaciones y es seguro que te lloverá en alguna ocasión. Si no tienes chubasquero, o se te ha olvidado, unas bolsas de plástico con agujeros para sacar las calas pueden evitar que se mojen completamente los pies.

El GPS es prescindible, pues puedes evitarlo gracias a las aplicaciones móviles así como a las buenas indicaciones del camino. Existen guías actualizadas con muy buena información que suelen incluir alternativas e itinerarios recomendados para bicicletas. En esta lista encontrarás todo lo necesario para realizar este camino en época estival. Aunque te pueda parecer poca ropa, piensa que en la mayoría de los albergues hay lavadoras (incluso secadoras) o zonas de lavado en la que podrás dar un agua y tenderla.

LA HORA DE LA VERDAD

Cuando llegue el momento de la verdad, comenzarás a pedalear después de semanas o meses de preparación. Aunque tengas previsto completar etapas de 50 kilómetros, empieza por distancias más cortas para acostumbrarte y no ‘reventarte’ el primer día. A partir de entonces, sólo queda disfrutar hasta lograr La Compostela, certificado que demuestra la realización de este reto, aunque lo importante ya sabemos que no es el destino, sino el camino hacia él.

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